
Y mientras te pienso, te veo envuelto de sonido y de luz cetrina, arropado de amantes de la ópera como tú. Sonreirás ante determinados movimientos in crescendo de la música junto con las gargantas y diafragmas que los acompasan; sonreirás apenado al descruzar tu pierna derecha y liberar la izquierda de esa opresión adormecedora porque te acordarás que, hace apenas unos instantes, era el asiento acogedor de una ajena desnuda y porque intuyes que va a pasar. Bostezarás, quizás en ese instante en que la escena decaiga de intensidad, y te removerás nervioso en el asiento, aún sabiendo que en esa posición vertical ―también en otras―, sabes mantener la compostura; te apretará el nudo de la corbata encarnada, hábilmente elegida para deleite de los ojos femeninos, haciendo juego con el forro de tu traje gris y del hilo de los botones bajo tu rostro fresco, resplandeciente, recién afeitado. Y, en el entreacto del último movimiento, saldrás a fumar un cigarrillo ―a escondidas como siempre―, al fondo, subiendo hacia el salón decorado con pinturas de Néstor, porque conoces de buena tinta, que allí existe una rendija abierta por la que exhalarás el humo previamente inhalado y que ahora, tras atravesar tu cuerpo, se muestra caliente, blanco, etéreo, inanimado, gris... Y llenarás con la brisa enredadora de tu flequillo, tus pulmones, tus ansías, tus ganas de volver hacia las butacas. Sacarás la mano del bolsillo y tras recomponer tu pelo, dirigirás los pasos hacia la sala principal, quizás la "fila 7", donde te espera ella, altiva, esbelta, bella. Pensarás que ese amor es imposible y no tendrás otro remedio que asestar, en ese corazón que amas, una certera puñalada, sabiendo que la desgracia te toca con su fría mano. Mirarás tus botones, tu corbata, parpadearás atónito varias veces hasta comprender el alcance de la tragedia sangrienta que te envuelve. Reaccionarás con un grito, saltarás asustado de la butaca mientras los aplausos ensordecen al recinto y, sin comprender nada, mirarás a tu derecha, tu mano estará enlazada con la de ella, sonreirás al reconocerla, besarás esos dedos y dirás: Amalia, soy un bandido.
Telón...
Telón...
4 comentarios:
Me encantó este texto, Luna, tal vez por el toque semi fantástico, la música y el amor desmerecido.
Los arpegios suenan en discordancia y una armonía no obstante lo envuelve todo.
Como en una ópera el texto desprende esa magia de la tragedia.
El final te quedó bordado.
Y me voy con la música a otra parte no sin antes desearte que la música impregne todos y cada uno de los días que regarán este nuevo año que se avecina.
Besos.
Gracias por esta delicatessen.
Delicioso.
Besos.
Simpático, el texto. Aprecio casi una intriga. ¿La matará cuando llegue a casa o se dejó impresionar por la trama operística? Yo creo que se quedó dormido.
Gracias a los tres por darse un paseíto por aquí. Siempre son bienvenidos. ¿Quieren unos polvorones, una copita de cava?...
Amigo Riforfo Rex, sabes que la vida real y la no real se mezclan.
Bss.
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