Recién estrenadas las gafas, decidió sentarse en una esquina de su rectangular habitación y cerrar los ojos. A pesar de ello, la luz brillante se coló por las rendijas desvencijadas de la puerta.
No quería ver.
No necesitaba saber.
Sólo pretendía que el día pasara,
que las gafas nuevas desvanecieran
por fin,
que las gafas nuevas desvanecieran
por fin,
su tiempo.

3 comentarios:
Deshacer lo hecho, pensar sin cavilar y ver pasar el tiempo, sin ver, con unas gafas nuevas tras cuyos cristales la monotonía cambie de rumbo el tedio y la rutina.
Besos, Luna.
Como no se haga con la parte posterior de la pupila.... porque las gafas... no creo...
besos
Siempre me dejas así, pensando.
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